El verdadero desafío de Europa

Por: José Osorio

Jean Pierre trabaja en una importante importadora de productos. De lunes a sábado sale a trabajar a su oficina en la Avenida de los Campos Elíseos, en el corazón de París; de camino al trabajo, pasa por un local comercial que administran hijos de inmigrantes argelinos -se molesta cada vez que los ve- y en su paso apresurado murmura para sí mismo “terroristas”.

A Jean Pierre le molestan los musulmanes, pero prefiere dejar sus críticas en las redes sociales, una vez llega a su casa, con su laptop de marca Apple y en su sofá frente a la chimenea que enciende en invierno.

Jean Pierre tiene una esposa que trabaja enseñando francés y un hijo que es cuidado por una niñera mientras los padres no están. Jean Pierre le advierte a su hijo que no debe juntarse con niños que sean diferentes a él, especialmente los que se llamen Ahmad o Mohammed.

La niñera que cuida al hijo de Jean Pierre se llama Sira, viene de Malí,  le gusta sonreír y jugar con el pequeño. Jean Pierre le paga un sueldo muy pequeño, aunque la niñera del hijo del vecino, Sophie, gana mucho más por el mismo trabajo. Jean Pierre también le ha enseñado al pequeño que no se junte con Makan, el hijo de Sira, que de vez en cuando lleva a la casa de Jean, pues ella no tiene como enviarlo la escuela.

Natnael no tiene trabajo, era conductor de taxi en Asmara, pero en un altercado su taxi fue quemado y decidió ir a Europa. Un amigo suyo dijo que también partiría, que conocía un sujeto que era capaz de hacerlos pasar en barco hasta Grecia, solo necesitaban llegar a Libia. Ahora Natnael está en Grecia pero no sabe cómo avanzar, su amigo le dijo que conocía a alguien en Praga, el problema es que su amigo se ahogó en el Mediterráneo. Natnael está solo, pues tenía un único hermano en Asmara y este se quedó. No lo puede llamar porque su teléfono se estropeó, no tiene dinero, no tiene un lugar donde quedarse, duerme junto a otros que decidieron hacer la misma hazaña; Natnael solo quiere dormir sin el temor de no saber qué comer al día siguiente.

Ahmad logró llegar a Berlín, vivía en Homs y huyó junto a su esposa y su hijo. Ahora está solo con él, y cada día busca darle una explicación a su pequeño de porqué su madre ya no está con ellos, pero el pequeño sigue sin entender. Ahmad logró conseguir refugio y ahora busca trabajo, pero nadie lo quiere contratar; por ahora trabaja arreglando zapatos, habilidad que aprendió de su padre. Ahmad solo quiere trabajar lo suficiente para hacer a su hijo feliz…

Siria, Afganistán, Eritrea, Malí, ¿Qué sucede allí? ¿Por qué las personas se van? ¿Por qué Ahmad y Natnael salieron de su lugar de nacimiento para arriesgarse a un futuro incierto? ¿Nacieron en el lugar equivocado? Las respuestas son muchas, pero está claro que si alguien huye de un lugar es porque huye de algo. Ahora bien, debido a que como humanos poseemos derechos , cuando esos derechos son violados no existen garantías ni un mañana seguro y es natural que huyamos de esas condiciones.

Europa se ha vuelto el norte de muchos migrantes que huyen de los conflictos y de las precarias condiciones de vida, no salen de sus países porque lo deseen, es por ello que el problema debe ser analizado de raíz.

Sabemos muy bien que en los últimos años millones de inmigrantes han llegado a Europa en búsqueda de un mejor futuro. Pero la reacción de las autoridades ha sido ineficaz, y ahora nos encontramos ante un escenario de una inminente crisis migratoria.  ¿Qué debe hacer Europa? La Unión Europea, a la que la mayoría de los países de este continente pertenecen y a cuyo territorio están llegando estas personas, debe enfrentarse a las bases sociales del problema, debe buscar una solución de los paradigmas sociales que determinan el comportamiento de la sociedad, puesto que la discriminación social en el viejo continente siempre ha sido muy remarcada.

Esto parece ser una retribución por los largos años de colonización europea en el resto del mundo, hoy el resto del mundo viene a ellos en vez de ellos ir al resto del mundo.Ahora la UE debe asumir sus responsabilidades y aunque es claro que debemos buscar soluciones a los conflictos que han generado todo este asunto, durante ese proceso Europa debe redefinir, como anteriormente mencioné, sus estructuras sociales.

En la actualidad, Jean Pierre tendrá siempre mejores oportunidades que Sira, Natnael o Ahmad, y aunque ellos no fueran inmigrantes, sino franceses, como los argelinos que administraban la tienda, por solo llamarse así, verse diferente, practicar una religión distinta, ser hijos de quienes vinieron de otro lugar; ganarán siempre menos sueldo, serán recriminados, serán tachados de terroristas, los vetarán de ciertos lugares, a los niños los molestarán en la escuela y la vida en sociedad se convertirá en un reto muy difícil.

Mientras Jean Pierre tenga muchas más ventajas que ellos, por solo llamarse así, tener ojos claros, ser rubio y de piel clara; aunque Mohammed tenga el mismo título universitario, tendrá mayores dificultades. Mientras esto siga de esta manera, hacer políticas eficaces para la crisis migratoria será también difícil, pues el primer paso es que el pueblo coopere con las autoridades y dicha cooperación sólo será posible cuando se acepte que ante todo hay una condición que todos tenemos en común y es que somos humanos. Y bajo esa condición, todos tenemos ciertos derechos que deben ser respetados. Concluyo afirmando que cuando los europeos entiendan este hecho, con seguridad habrá un avance vital en la gestión de la actual problemática migratoria.

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