¿Y ahora qué?

Por: Brandon Hernández

El 2 de octubre pasará a la historia para todos los colombianos. Para algunos fue el día que se le cerró las puertas a la paz y para otros fue el inicio de la búsqueda de un mejor acuerdo con las FARC. Lo cierto es que el escenario político que nos dejan los resultados son de muy complejo análisis y de consecuencias profundas.

En el presente escrito busco plantear las consideraciones más importantes que merecen total atención de la población, especialmente en la  búsqueda de la comprensión de los sucesos vividos por estos días.

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  • Lo que se refrendaba no era la paz, en eso coincido con los promotores del NO. Pero, aquí se estaban refrendando unos acuerdos que brindaban todas las garantías para que iniciara en Colombia un proceso de construcción de paz. A eso se le dijo que no, y las razones fueron, mayormente, desinformación y jugadas manipulativas por parte de algunos sectores políticos. Por lo tanto, todo demuestra que el 2 de octubre los colombianos encontraron en el voto una posibilidad de agrupar y culpar a todos los ámbitos problemáticos y personales del país para decirle NO a unos acuerdos que, tal vez, uno de los mayores errores que tenían, era haber sido puestos a decisión del pueblo.

 

Los verdaderos ganadores del plebiscito:

 

  • La democracia:

El pueblo habló y los resultados fueron democráticos. Naturalmente, sólo una mayoría simple podía inclinar la balanza ya sea hacia el SÍ o hacia el NO. Efectivamente, las implicaciones que dejan unos resultados tan ajustados y simétricos, dibujan, en Colombia, un escenario político y social de extrema polarización.

  • La indiferencia:

Parece increíble y desconcertante que ante la decisión más importante de la historia reciente de Colombia un 62.6% de los connacionales haya decidido no atender al llamado ciudadano de participación política. Esto nos deja dos conclusiones certeras: lo primero es que la abstención fue tomada como una jugada ciudadana más para suplir lo que en unas elecciones ordinarias sería el voto en blanco. Lo otro, es que sencillamente la indiferencia fue parte de la dinámica social, en parte, gracias al desconocimiento de la realidad política y social del país. Aunque, también comprendo que una parte de la población no hace parte de ninguna de las dos categorías, siendo esto último, un grupo poblacional no muy relevante cuantitativamente.

  • El Centro Democrático:

El Centro Democrático quedó como el partido más fortalecido después de las elecciones, pues muchas de sus críticas tienen ‘posibilidades’ de ser adoptadas con una eventual renegociación con las FARC. Además, después del pronunciamiento presidencial y su llamado a un pacto nacional donde estén todos los sectores políticos (incluyendo a los del NO), prácticamente se busca que los promotores del NO tengan la voluntad de sentarse y proponer en la misma mesa de los que alguna vez fueron sus rivales. Sin duda, el protagonismo de este partido tiene como eje principal plasmarse en la realidad política colombiana como una estrategia para fortalecer su carrera por la búsqueda de los comicios presidenciales en el 2018.

  • La desinformación:

Ciertamente, una de las variables que intervinó dentro de los resultados del plebiscito fue la gran aglomeración de desinformación que rodó en las redes sociales y en el voz a voz. Tal parece que hubo más miedo a pasar las fronteras del conflicto a seguir en la misma guerra. Además, los actores detrás de los mitos más grandes, utilizaron los miedos más profundos de la población colombiana para decirle NO a los acuerdos:

  • Una ideología de género que puso a pensar a la amplia población del país que aún tiene grandes rasgos conservadores.
  • Un castrochavismo que pareció convencer a otra gran masa poblacional que vio en Venezuela el futuro colombiano si se implementaban los acuerdos.
  • La impunidad fue un concepto fácil de asimilar para un pueblo al que se le hace complejo perdonar. Casi que se vendió la idea de que no había cárcel para los perpetradores de los crímenes atroces. Paradójicamente, hoy, después de escuchar las propuestas del partido vencedor, Centro Democrático, no se propone nada distinto a lo ya planteado en el acuerdo.

 

Los que perdieron con los resultados del plebiscito:

 

  • El Gobierno:

Más allá de significar la cabeza de implementación de lo que pudieron ser los acuerdos de La Habana, hoy el gobierno muestra una faceta débil y cada vez más fragmentada del mismo. La renuncia del Jefe de negociaciones Humberto De La Calle, de la ministra de educación Gina Parody y los constantes señalamientos hacia el Presidente y sus funcionarios, demuestra que el respaldo hacia el gobierno no muestra luces de mejora.

  • El Pueblo:

A pesar de la victoria del NO en el plebiscito, el principal afectado de estos resultados será el pueblo colombiano. A modo de ilustración, Colombia dio un salto al vacío. No hay certidumbre en el devenir del proceso de paz con las FARC, prácticamente se entendió que Colombia estaba más dividida de lo que se pensaba, y eso complejiza mucho más el avance de unas eventuales renegociaciones donde el tiempo juega un papel determinante. Es claro que ni las FARC ni el gobierno pensaron que se iban a dar esos resultados, ni la oposición dimensionó que podía ganar (nadie tenía un plan B). Lo que se viene es incierto y la sombra cada vez más latente de una reforma tributaria, en su momento, calentará el espectro político-social.

  • Las FARC:

Aunque las FARC dejaron claro su deseo por continuar la implementación de los acuerdos alcanzados, entre más se tarde en alcanzar soluciones viables a la crisis política que vivimos, más fácil es que se empiecen a sentir las consecuencias al interior de las mismas filas de las FARC. Podemos dilucidar escenarios de desmembramientos de los sectores más ortodoxos de esta guerrilla. Pues, el respaldo popular dividido en torno al acuerdo puede generar miedos, totalmente respetables, de algunos miembros de las FARC. Los pasos hacia adelante que se habían dado por parte y parte quedaron en un vacío político, donde ni el gobierno ni los cabecillas de las FARC tienen la más remota idea de qué pasará con el futuro del cese bilateral al fuego.

El panorama político-social que se le plantea a Colombia después del plebiscito puede ser tan bueno como para que los acuerdos de paz con las FARC se fortalezcan, a causa de la inserción de un grupo poblacional que se sintió excluido por el mismo; o puede ser tan malo como para que volvamos al conflicto armado, y esta vez, con una polarización poblacional marcada y aparentemente inconciliable. De todos depende actuar en momentos de crisis y de todos dependerá tratar de responder al llamado de unidad desde las diferencias.
Ahora sólo resta esperar que la oposición proponga un ‘mejor’ acuerdo, pues si el Estado no tenía un plan B, ellos, los del NO, ni siquiera contaban con un plan A como reemplazo, ni propuestas nuevas. En suma, ahora sólo hay que esperar por el Centro Democrático. Pero, mientras tanto…¿Y ahora qué?.

 

 

 

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