Los caballos y los peones en la partida de la paz

Por: Brandon Hernández*

Fueron más de cuatro años tratando de cambiar la historia, intentando hacer de Colombia un país con un actor ilegal menos en su lista de problemas internos. El 26 de septiembre lo logramos, se firmó el acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC en Cartagena. Pero, lastimosamente, la partida no comenzó ahí. Casi desde el inicio de la fase pública de las negociaciones entraron al ruedo una serie de fichas que dieron todo por sabotear el proceso. Confieso que merecen un aplauso, sus estrategias fueron tan bien planeadas que le hicieron creer a la población que estaban de su parte. Claro, la gente no tuvo la culpa, del todo. Cuando te cansas de una clase política y otro político te muestra que tienes todo el derecho a desconfiar de ella, pues generas empatía (a eso súmale una población con serios problemas educativos). Ese fue el error, que no se dieron cuenta que esos caballos también eran de la clase política tradicional (y corrupta).

las2orillas

Dirigentes del Centro Democrático y otros sectores del NO

Como si fuera poco, escuchamos fielmente las intervenciones de dos expresidentes caballos que demostraron toda su casta para que creyéramos que la impunidad y el ‘castrochavismo’ eran el devenir del proceso de paz con las FARC. Increíblemente funcionó, aunque nos duela admitirlo, aún hay gente cree que los payasos son serios. Pero, seamos justos, no le carguemos toda la culpa a los caballos, el rey también aburrió con tanta propagandería sobre la paz. No le quedó claro que con una imagen de aprobación tan baja iba a fastidiar a una población que le escuchaba decir la palabra ‘paz’ más de diez veces en sus discursos.

No se nos olvide la entrada estelar de otro sector de la población: las iglesias. Parece que su intervención dentro del proceso de paz fuera sido producto de un plan de emergencia por parte de los casi ahogados saboteadores de la paz. Aprovecharon un escándalo que resintió fuertemente a una amplia población conservadora de la sociedad y lo supieron mezclar con el tema del momento: el proceso de paz. ¿El resultado? La famosa ideología de género.

Todos esos vaivenes y jugadas maestras hicieron que el 2 de octubre la partida de la paz tuviera un ganador: el NO (y el no me importa). Pero claro, este juego no tenía reglas, solo jugadas y uno que otro ‘enroque’ por lado y lado. Eso hizo que gran parte de la sociedad pensara que votando NO, los acuerdos serían renegociados. ¡Sorpresa! sí hubo renegociación. Esta vez fue el momento para que los caballos tomaran la batuta de las propuestas para el nuevo acuerdo que tanto pedían. Lo raro es que tardaron demasiado en asimilar que habían ganado y que tenían la responsabilidad de aportar a la creación del nuevo texto. ¿Acaso no tenían plan A? En todo caso, si no lo tenían, hicieron uno rápido. Y ya hoy contamos con un nuevo acuerdo de paz, donde claramente se nota la mano de los tenebrosos, los religiosos y los empresarios.

Creo que perdimos el centro de todo esto: las víctimas. Dejamos politizar algo que no tuvo que haber sido politizado jamás. Dejamos que ‘el que no debe ser nombrado’ se llevara el protagonismo. Caímos en su juego, le dimos mucha importancia a sus comentarios. Ignoramos a los académicos, a las víctimas, al colombiano educado, al campo, a los comités de mujeres, a la población LGBTI, a la comunidad internacional y a los universitarios. No bastó de nada que el rey los citara constantemente a oír sus opiniones… les falló.

Pero eso no es todo, ahora los caballos manifiestan que tampoco aprueban este nuevo acuerdo de paz. ¿Las causas? Seguramente una: esto es un juego y apenas empieza. ¿Hacia dónde nos proyecta? Hacia las próximas elecciones presidenciales del 2018. La puja por el poder nunca termina y las jugadas están dibujándose en el tablero. (En este momento, seguramente, no entenderemos por qué salió en libertad Andrés Felipe Arias, pero los invito a hacerse la misma pregunta dentro de dos años).

Por último, solo me basta decir que a pesar de todo, los nuevos acuerdos deben ser implementados lo más pronto posible, lo merecemos. Con tanto sabotaje, se vuelve más sencillo para los paras y las bandas criminales sellar el vacío de poder que dejaron las FARC en algunos territorios. El cese bilateral es frágil, los saboteadores son muchos, las casillas son pocas y los peones ya estamos cansados de esta guerra. La paz no es un juego, ojalá lo entendamos.

* Estudiante de Relaciones Internacionales, Universidad del Norte.

2 pensamientos en “Los caballos y los peones en la partida de la paz

  1. Excelente analisis! Lastimosamente esta partida la hemos ido perdiendo poco a poco. Cada vez mas “peones” salimos del tablero. Y al final todo reduce a un juego de poder y manipulacion entre la clase politica.
    Al menos, siento el alivio de que aun hay personas que no son indiferentes a los problemas de esta sociedad.

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