Filosofía, para salir a jugársela

Cuando el filósofo señala la luna el tonto se fija en el dedo

Por: Henry David Sarmiento Periñán*

No imprevistas, pero indignantes resultan las consideraciones del señor Alcalde acerca de la cátedra filosófica en las escuelas del Distrito de Cartagena, con su tono despectivo y angustiado, plantea lo inane y superflua de esta, mientras que una vez más lacera el oído de los espectadores con su exacerbado tono coloquial y sus conjeturas apresuradas.

Esta vez no intentó lo físicamente imposible como cuando propuso hacer navegable el caño Juan Angola en menos de un mes, la víctima de sus dichos esta vez fue la filosofía, y por ende, quienes la ejercen, y defienden.

En este escenario tan nefasto, encontrarle una explicación racional a estas premisas se hace difícil, más incluso que bañarse dos veces en el río de Heráclito. ¿Habrá tenido alguna mala experiencia con este saber el Alcalde? o ¿El ejercicio periodístico en la radio local le habrá hecho ligero el verbo al extremo? Son cuestionamientos que embargan más de uno.

Desde tiempos ancestrales la filosofía -como a su vez la religión y la ciencia- ha tratado de dar respuesta a los más profundos interrogantes: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos?  ¿Adónde vamos? Su objetivo es problematizar y despertar la curiosidad de los humanos, conocer el porqué del ser, explorar los límites de nuestro conocimiento, y examinar nuestras conductas desde una perspectiva razonada, desprendiendo a la humanidad de lo mitológico y especulativo para hacer tránsito en lo justificado y comprobable.

Que oportuno, señor Alcalde fue dejar atrás los Mitos, pues hoy día nos resulta hilarante creer que por el hecho de que Pandora abrió una caja, Bolívar sea el departamento del país donde más se han tenido que suspender recursos por regalías debido a los casos de corrupción; O que los USD$4.000 millones de sobrecostos por la modernización de Reficar fueron producto de la sagacidad que trajo a los hombres el robo de Prometeo a los dioses.

La filosofía es un saber universalista e interdisciplinario, pues le apunta a tantos campos del saber cómo puedan existir y no tiene problemas que sean exclusivos de su disciplina, como lo diría Richard Rorty: El filósofo es “un intelectual de uso múltiple”, así alegoriza hechos cotidianos, obtiene conocimiento de cualquier situación, e incluso hace parangones de situaciones diametralmente opuestas, como por ejemplo que Platón no se llamaba así sino Aristócles, como usted no se llama Manolo sino Manuel Vicente.

La filosofía es una herramienta para el progreso, útil para salir a jugársela, igual en importancia que los demás saberes, dinámica -pues en cada época puede responder de forma distinta al mismo cuestionamiento- y conveniente para analizar de forma crítica y reflexiva la realidad desde nuestro contexto social. Por favor, no nos diga que las herramientas útiles para el futuro que quería proponer eran dos horas más de trigonometría.

* Estudiante de Derecho de la Universidad de Cartagena

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