Lecciones de la Madre Naturaleza: ¿son sólo para Centroamérica?

Por: Jair Hernández López

En su estrepitoso recorrido por Panamá, Costa Rica y Nicaragua, el Huracán Otto provocó grandes desastres. Además, “cuando nada puede ser peor”, un terremoto de 7.2 grados en la Escala de Richter crea un pánico en el Salvador, y la amenaza de un tsunami para Centroamérica vuelve activar la alarma de peligro. Basta con recordar cómo el huracán Matthew se ensañó con Haití, que a la postre, se venía recuperando lentamente del terremoto de 2010. El impacto de la Madre Naturaleza se convierte en desastre natural cuando existen vulnerabilidades: sociales, económicas, culturales, emocionales y de políticas públicas e infraestructuras mal implementadas o insuficientes. Los países y los ciudadanos tienen que diseñar estrategias para disminuir el impacto ambiental, debido a que en la historia de nuestro planeta “los desastres naturales no son una invención de la modernidad”, es algo con lo que hemos tenido que aprender a vivir.

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El mundo moderno ha sido testigo y víctima de infinidad de siniestros causados por fenómenos naturales. En la segunda mitad del siglo XX, en 1960 se registró el terremoto más intenso en la historia de la humanidad, fue en Chile a una escala Richter de 9.5, las pérdidas económicas y humanas fueron alarmantes. En 1970 en Perú tuvo lugar el terremoto Ancash, el desastre más grande en su historia, en ese mismo año en Bangladesh se manifestó el ciclón con la mayor cantidad de muertos en el mundo, a raíz de este hecho en 1971 se creó la Comisión de Naciones Unidas para el Socorro ante Desastres (UNDRO).[3] Al año siguiente se celebró la primera Cumbre por la Tierra en Estocolmo o la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano, en la cual se estableció la creación del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). México no ha sido la excepción, el terremoto de 1985 afectó gravemente a la sociedad y a la economía, incrementó la deuda externa, y fue uno de los motivos para que México ingresara al Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), hoy la Organización mundial de Comercio (OMC).[4]

Es impresionante cómo las obras de la Madre Naturaleza impactan en la humanidad, repercutiendo en las diferentes sociedades, lastimando la economía de diversos países, dinamizando el mercado financiero (prestamos, deudas, donaciones), creando inestabilidad política, así como modificando las Agendas nacionales e internacionales, reorganizando a la comunidad internacional y motivando a los países a establecer acuerdos. El impacto ambiental sin duda pasa a formar parte de la Agenda internacional para prevenir, mitigar, solucionar los efectos de los desastres naturales y cuidar el medio ambiente.

El Fondo Mundial para el Medio Ambiente de 1991, la Cumbre y Declaración de Río de 1992, el Programa 21 y  la tercera Cumbre por la Tierra de Johannesburgo de 2002 fueron la prueba de ello. Lo anterior demostró el interés por el cambio climático y el cuidado ambiental, ligado con el desarrollo económico y social de los países. Además, surgió un nuevo concepto, el Desarrollo Sostenible, expresado así en el Informe Brundtland de 1987. La idea es simple pero trascendental, el desarrollo sostenible significa satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras ni poner en peligro el medio ambiente.[6] En el siglo XXI pasamos de los Objetivos del Milenio a los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el año 2016 representa el año en que la humanidad empieza a entender las lecciones, tenemos que adaptarnos y aprender a convivir en armonía con la Madre Naturaleza.

¿Qué significa adaptarse y convivir amigablemente con la Madre Naturaleza?

Lo primero significa que a sabiendas de que los fenómenos naturales van a continuar, los gobiernos y la sociedad deben mitigar las vulnerabilidades a través de una gestión integral de riesgos para prevenir desastres naturales. Lo segundo es evitar cometer acciones que dañen el medio ambiente para que las alteraciones sobre los fenómenos naturales sean mínimas. Estas son dos lecciones “pilares” de la Madre Naturaleza. La dualidad de estos pilares (adaptarse y convivir) crea una fuerte sinergia, pues es imposible lograr una sin cumplir con la otra.

Otra lección es la cooperación sistémica. Se amplía la necesidad del involucramiento interdependiente de los actores en todos los niveles: desde Estados a individuos; de Organismo Internacionales (OI) a Organizaciones de la sociedad civil (OSC); de bloques regionales a acuerdos mundiales; del sector público al privado (empresas); de fundaciones altruistas a Mercados financieros; de lo global a lo local y viceversa. En este sentido, es necesaria una verdadera Gobernanza Ambiental que empiece desde el pensamiento y acción del individuo y los micro-colectivos, ya que estos son los principales interesados en garantizar el derecho humano a vivir en un medio ambiente sano y seguro.

Asimismo, el Estado considera la simbiosis entre seguridad ambiental y seguridad nacional para su estabilidad económica, social y política.[7] Las empresas han iniciado un proceso evolutivo en sus esquemas tradicionales de producción con el objeto de garantizar la disponibilidad y el acceso a los recursos. Los preceptos teóricos y prácticos contemporáneos establecen que la maximización de los recursos elevan las ganancias, es decir, menor uso de recursos (materia prima, mano de obra, tiempo y dinero) producirán mayor riqueza monetaria, lo anterior va ligado al desarrollo de nuevas tecnologías verdes, todo bajo un análisis de costo-beneficio.[8] Los países y las empresas para invertir en sus proyectos verdes necesitan de préstamos procedentes de Bancos. Por su parte, las OI y las OSC son los más interesados en el tema.

Hasta aquí hay tres lecciones importantes: adaptarse, convivir y cooperar. La Humanidad no aprendió de la noche a la mañana, tuvieron que pasar siglos e infinidad de desastres naturales para aprender y aún nos falta un largo camino por recorrer. Con cada nuevo desastre y análisis de los cambios en la naturaleza, los acuerdos y programas internacionales se han venido dando de forma paulatina, paralelamente la concientización ambiental de la humanidad se va fortaleciendo. Sin embargo, no tenemos que esperar a que más desastres naturales nos golpeen para levantarnos con nuevas lecciones, podemos tomar acciones que prevengan situaciones futuras lamentables.

¿Qué otras lecciones nos ha dejado la Madre Naturaleza que se puedan aplicar a Centroamérica?

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Está claro que las lecciones son para todo el mundo, el estrés ambiental es responsabilidad de la humanidad. El derretimiento polar pone en riesgo la desaparición de islas, ciudades y países enteros. Las sequías, la seguridad alimentaria, la escasez del agua son detonadores para nuevos conflictos sociales. La Madre Naturaleza sin duda nos brinda diversas lecciones:

  • La necesidad de promover la educación y la cultura ambiental, evitar tirar basura y reforestar para prevenir inundaciones; evitar contaminar y moderar el consumismo desmesurado disminuirá los efectos del calentamiento global. Talleres ambientales en las escuelas, políticas públicas de ciudades limpias y menos contaminantes, y leyes que hagan obligatorio el cuidado ambiental como un derecho humano de tercera generación.[10]
  • Los gobiernos deben disminuir los factores catalizadores de vulnerabilidad. Los países en desarrollo no son los únicos que sufren desastres naturales, también los países más desarrollados como Estados Unidos, Canadá, Japón, Europa, etc., pero los países menos desarrollados son los más vulnerables. Según Wilches-Chaux en su Modelo de Vulnerabilidad Global se determina el grado de vulnerabilidad de acuerdo a la susceptibilidad o propensión del agente afectable ante el agente perturbador. Las amenazas, riesgos, lenta capacidad organizativa de respuesta social, bajo desarrollo económico, susceptibilidad emocional, infraestructura y políticas públicas deficientes, así como exposición territorial y frágiles sistemas de comunicación son características de estos países.
  • La planificación estratégica con antelación es una lección indispensable para lograr eficientemente la gestión integral de riesgos: prevenir, responder, rehabilitar, reconstruir, proteger y promover. Tal como se está realizando en los países de Centroamérica pero con cada desastre se pueden evaluar los aciertos y desaciertos, es decir, que la retroalimentación e innovación de los protocolos ante desastres es condición sine qua non para garantizar la seguridad humana.
  • Es indispensable la creación de Programas locales, tanto de voluntario capacitado para el socorro inmediato, y como ayuda para agentes especializados en seguridad; como programas dirigidos a crear poblaciones resilientes que propicien la flexibilidad de acciones, la comprensión del peligro por parte de la población, la adaptación y la superación del problema, y evitarán el pánico ante los desastres naturales.

Algo que los Estados deben tomar en cuanta es su capacidad de respuesta ante los fenómenos naturales, pues muchas veces se ven superados por éstos y no puede establecer soluciones inmediatas, debido a la falta de recursos: económicos o logísticos.  Por esta razón se deben

  • La formación de alianzas estratégicas. Establecer acuerdos con el sector privado, es de interés común, ya que de esta forma garantizan su estabilidad financiera. De igual manera es indispensable mantener un Fondo especial de dinero para estos casos en cooperación con los centros bancarios y aseguradoras.
  • Por último, la cooperación internacional debe darse desde el momento en que se determina la posibilidad de un desastre, antes y durante, no únicamente post-desastre.

Si bien se han establecido grandes avances con acuerdos internacionales en materia ambiental no se ha logrado concretar. Los actores mundiales y locales necesitan ir más allá de un fallido Protocolo de Kyoto, de las COP sobre Cambio Climático, de la regulación sobre la compra-venta de Bonos de CO2 en el mercado financiero, y de las políticas públicas y prácticas locales sin una planificación estratégica que tenga un verdadero impacto positivo en la sociedad.

Con todo, un desastre natural no se puede impedir ni predecir con exactitud. No obstante, se puede reducir el impacto de lo que podría ser un desastre intensivo a un extensivo. “No hay mal necesario pese a lo que digan los Maltusianos, un mal menor es el Darwinismo.” La Madre Naturaleza siempre será así, depende de nosotros tomar prevenciones y no contribuir al estrés ambiental, de tal forma que  no se agraven los impactos de los fenómenos naturales.

[1] NIETO-SAMANIEGO & ALANIZ-ÁLVAREZ, “La Edad de  la Tierra”, UNAM, Centro de Geociencias, (2013), basado en la Revista Physics World (2002).

[2] BARAHONA, Ana, biología evolutiva: origen y evolución, SEP, 2010.

[3] Véase, Historia de la protección civil en United Nations Disaster Relief Organization, UNDRO, [En Línea] http://www.eird.org/americas/we/historia.html

[4] VELÁZQUEZ, Rafael, Factores, Bases y Fundamentos de la Política Exterior de México, Edit. Plaza & Valdes, CDMX, México, 2ª. Edic, 2010.

[5] Asamblea General de la ONU, Carta Mundial de la Naturaleza, 1982.

[6] BRUNDTLAND, Gro Harlem, Our Common Future, Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas, 1987.

[7] O´NEILL, Kate, The Environment and international Relations, Cambridge University Press, 2009.

[8] GILPIN, Alan, Economía ambiental: un análisis crítico, edit. Alfaomega, México, 2004.

[9] Instituto Meteorológico Nacional (IMN), Costa Rica.

[10] VASAK, Karel, “Les différentes catégories des droit de l´homme” en  Les dimensions universelles des  droits de l´homme, UNESCO, vol. 1 Bruylant, Bruselas, 1990.

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