Julieta

POR: ALEXANDRA TÉLLEZ Y STEPHANNIE TÉLLEZ

Julieta,
inocente niña buena,
que no logra ver las cosas malas y
con su sueño de seda llegó a la adolescencia,
que la derriba sin piedad,
que la desdobla, doblegada a una sociedad
que elimina todo rastro de verdad
que alguna vez en su interior pudiese reflejar.
Julieta está perdida,
Julieta respira,
Julieta sueña,
Julieta obedece.
Como en un monasterio cumple reglas,
su listón en la cabeza la hace ver como plebeya;
su conocimiento no es dorado,
su astucia parece un sol inmaculado y
conoce al amor a sus catorce años.
El ,ya mayor, cayó rendido a sus encantos,
esos que inspiraron al William solitario
convirtiendo en Best–Seller un amor poco afortunado,
amor que de tanto caer, se hundió,
que cualquier rasgo de inocencia arrebató y
que en las entrañas de Julieta dejó demostrado
que en planificación Romeo siempre había reprobado.
¡Cuando se te olvida protegerte es todo un litigio!
Cuando olvidas la responsabilidad, eres libre.  Pero…                                       ¿Cuánto tiempo puede permitirse ser libre Julieta?
Sus lazos de sangre se amarraron al instinto,
se acumularon con el miedo
anulando cualquier vestigio de racionalidad…
Respirar profundo,
ante dos rayas verticales,
ante dos barras, que desplomaron sobre Julieta, la desesperación,                   a la que en menos de veinticuatro meses                                                       le debería dar biberón,
cambiar pañales,
dejando las fiestas,los bares,
las citas clandestinas con “Romeo”
quien ahora pide al cielo que desaparezca con todo su paquete chileno;
que a las Bahamas no pudo viajar                                                                   porque los Capuleto al enterarse del magno acontecimiento,                         disputas fueron armar a tan galante sujeto que con artimañas enamoró a su niña adorada, / aquella que creyeron sería una primera dama,
entregándola pura y con velo hasta el último momento;
¡Ella era el honor de los Capuleto! se sintieron usurpados por el hecho,
humillados hasta el punto que a Julieta le retiraron sus afectos, el apellido,
llamando bastardo al primogénito plateado.
Aaron creció con el amor de Julieta,
se convirtió en más hombre que su padre,
sin embargo, necesitaba verlo,
necesitaba comunicarle su desprecio y lo hizo.
Aaron se miró al espejo,
miró su alter ego descaradamente
y recitó con desdén:
¡Oh Julieta que en sedas te vistes
Dios me premió con semejante madre que fuiste,
no fuiste bendita, y estuviste lejos de afortunada,
pero en reserva, siempre fue el secreto que nunca necesitaste a Romeo,
siempre te di, te doy y daré lo mejor de mí, al final siempre serás esa Julieta,
esa Julieta que nunca necesitó de Romeo!

Nia Ferrer ft Alma Fuerte

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