El baile es una metáfora de la paz

“Muchos deportes son una metáfora de la guerra; La danza, una metáfora del amor”.                                                                                      Stuart Hodes

*Por Henry Sarmiento

Cuenta la historia que la primera guerra mundial comenzó en Julio de 1914, y para la navidad de ese año en distintas trincheras por toda Europa los combatientes comenzaron a demostrar su humanidad: Hicieron un alto al fuego durante la noche del 24 de diciembre y el 25 de diciembre. En distintos puntos, comenzaron a cantar villancicos, a intercambiar productos, a decorar sus trincheras, y a realizar ceremonias para los caídos en combate.

Lo más estrepitoso -para los medios de aquella época- ocurrió en Flandes, Bélgica. Allí alemanes y británicos jugaron un partido de fútbol, del que se dice ganaron los alemanes con 3 anotaciones. Lo vivido en aquella jornada fue único.Los medios de aquella época informaron de lo ocurrido, probablemente no de la forma tan armoniosa y pintoresca como lo hago yo en este relato, y al enterarse los altos mandos de ambos ejércitos, no estuvieron conformes con lo sucedido y se encargaron de que no se reprodujera en lo subsiguiente. No deseaban un ápice de unidad, ni de relación con el enemigo. Por lo cual en los años venideros, los bombardeos se hicieron incisivos en la época decembrina.

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Esta historia me resulta aleccionante en lo personal. La ligereza, laxitud, y polarización con la que reproduce un hecho afecta directamente la percepción de la audiencia y sus juicios sobre el asunto en cuestión. El ya denunciado y recurrente engaño y manipulación de los enemigos de la paz se asemejan a un truco de magia que después de explicado nos sigue causando asombro ¿Acaso no podemos decir lo mismo sobre los sucesos ocurridos en Conejo? Que bien se escuchan las palabras inclusión, acuerdo, posconflicto y paz, pero cuán enfrascados están algunos en que se vuelvan un cúmulo de letra muerta, y cuán prestos están otros a bailar al son que le toquen, porque para bailar un tango se necesitan dos. Por años como sociedad hemos visto los horrores de la guerra ¿Será que queremos volver a bailar con la más fea?

Recuerdo que corría el año 2015 cuando bajo el techo adornado de musas del teatro Adolfo Mejía, el maestro Álvaro Restrepo enseñaba las bondades de la danza y como su pasión que en palabras de él, había llegado tarde, logró impactar su vida y la de muchos jóvenes a través del colegio del cuerpo. Le escuchábamos citar a Stuart Hodes y su ética de la danza, y su explicación cómo la danza tiende a unir a las personas de distintos géneros, de cómo se estimula la mezcla de edades y capacidades físicas, así como también queda relegada la competencia y la imposición, para abrir paso a la coordinación y la colaboración. Al finalizar sentenciaba “Muchos deportes son una metáfora de la guerra; La danza, una metáfora del amor”.

Hoy retomando las palabras de Hodes, y las enseñanzas del maestro Restrepo me atrevo a decir que la danza no es solo una metáfora del amor, sino una metáfora de la paz.

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