No me conozco

“Somos lo que somos, un dialelo.”

Por: Alexander Berrio

Arriba el momento no deseado. Arriba el momento menos anhelado. Es ese el momento en el cual el ser no se reconoce más. Es aquel momento en el cual vemos que el continuo fluir del actuar exterior nos ha dejado perder en la gran profundidad de la nada; que nos ha producido amnesia, de tal manera que ha logrado eliminar de la psique aquello que creíamos realmente ser.

Arriba, por ende, el momento en el cual nos hastiamos de nosotros mismos. Arriba (¡eureka!) el momento en el que descubrimos que lo que pensábamos que éramos, ha terminado por ser el mero resultado de actos perdidos en la tierra. De tal manera, que hemos llegado a ser un “exposer”, es decir un ser que vive para el exterior, y que por el exterior vive.

Ahora, ¿por qué este “exposer” querría conseguir prestigio y fama? ¿No será que la fama y la gloria son una total banalidad intranscendental? Sí, lo es. De hecho, Nietzsche diría que aquello que el hombre tiende a elegir para programar a su devenir ser, no se aleja de su vacía existencia humana, no se aleja de aquella estructura bien planificada por los humanos, que intenta recrear en nuestra mente el conocimiento y la necesidad de tener algo. Nada de esto tiene sentido supra humano.

Finalmente, el momento al cual hago referencia, es  aquel en el cual ya vemos que no hay nada nuevo de nosotros que debamos descubrir, porque los recuerdos de nuestro ego, bien podrían ser los de un él, o una ella, o un todos. Así, cada recuerdo personal es igual al recuerdo ajeno, haciendo que no exista un recuerdo particular de cada quien. Pero, ¿por qué sucede esto? Esto sucede porque no existimos en sí, sino que solo tenemos un algo sostenido por las corrientes sensoriales infinitas de la biosfera. De tal forma, que nos volvemos esclavos de todas las pasiones mundanas, y nos dejamos poner a servidumbre de nuestro pensamiento. Quedamos, entonces, siendo solamente una luz reflejada contra un espejo gigante universal,  la cual es emitida por el tan circular Cosmos, pero que no permite que se disipe ni se escinda. Somos lo que somos, un dialelo.

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