Juan Rulfo: pagamento al hombre de Comala

En el judaísmo, cuando se quiere honrar la memoria de alguien, se deja una piedrecilla sobre su tumba y se realiza permanentemente una plegaria especial en la fecha de su partida. En México, en el día de los muertos se ofrenda una mesa servida con velas, vasos de agua, flores, retratos y diversos alimentos. Este escrito es una forma de realizar un pagamento a la vida por habernos dado a Juan Rulfo.

*Por Felipe Ríos

Imagen 1, Juan Rulfo

México, es un país con gran riqueza cultural. En el último siglo ha dado pensadores excepcionales como Zea y periodos de fervor creativo como el muralismo. La literatura también tiene exponentes de un gran nivel como Paz o Esquivel, sin embargo es Juan Rulfo, una figura central de la narrativa hispanoamericana, quien cumplió el natalicio número 100 en el mes de mayo.

Homenajear a Rulfo, es recordar un estilo natural y sencillo que retrata la idiosincrasia mexicana de una forma detallada y limpia. Es brindar por el padre del realismo fantástico que nos hace sentir el ahogo infernal de estar muertos en el desierto. Sin embargo, también es recordar nuestra historia y abordar los temas más sensibles que han marcado la construcción de la identidad latinoamericana.

Algunos de los grandes campos sobre los que reflexionó en su literatura y su fotografía, son lo rural, la revolución mexicana, el mestizaje, la religión y la cosmovisión indígena. En todos ellos asumió una actitud crítica y presentó un espejo de nuestra configuración cultural.

FOTOGRAFÍA

Rulfo estuvo muy interesado en los significados de las imágenes y los recuerdos por el discurso que llevan consigo. Para él, la fotografía es una expresión donde las imágenes guardan historias, así que también podría ser utilizada para contar la colonización religiosa y sus resistencias. Llama la atención que este propósito, Rulfo lo haya realizado retratando iglesias y edificios religiosos que evidencian las tensiones entre el mundo cristiano e indígena.

Imagen 2, Incendio iglesia

Incendio Iglesia de Actipan, Tlaxcala. 1955.

LITERATURA

Rulfo produjo poco, pero lo poco fue contundente. Prueba de ello es que se consagró como referente para la literatura y su obra le valió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1983.

El Llano en Llamas (1953), que es un compendio de cuentos que abordan el México rural y católico combinando la realidad con elementos casi delirantes, fue su primera aparición en la narrativa. Varios analistas aseguran que su importancia radica en la calidad literaria y en la capacidad de sintetizar la esencia cultural de México.

Imagen 3, Llano en llamas

La narración del cual toma nombre el libro, presenta a los revolucionarios pasando por diferentes episodios de asaltos y bandidaje que terminan en su fracaso y sometimiento al gobierno. Las pérdidas de la guerra y la desilusión de una revolución que no benefició al campesinado.

Por su parte, Luvina es uno de los cuentos del libro con mayor intensidad y belleza al describir paisajes desoladores de un pueblo perdido, abandonado a su suerte, reseco y triste. La historia es contada, entre mezcales y cerveza tibia “con sabor a orines de burro”, por un hombre agotado que vivió en ese pueblo espinoso y desértico.

“- San Juan de Luvina. Me sonaba a nombre de cielo aquel nombre. Pero aquello es el purgatorio. Un lugar moribundo donde se han muerto hasta los perros y ya no hay ni quien le ladre al silencio; pues en cuanto un se acostumbra al vendaval que allí sopla, no se oye sino el silencio que hay en todas las soledades…”

Pedro Paramo (1955), la novela que le valió un amplio reconocimiento en el mundo, es catalogada frecuentemente como la más representativa de la literatura mexicana.

Esta obra, que ha sido adaptada en varias oportunidades al cine, es importante porque marca una influencia determinante en el desarrollo de la nueva narrativa hispanoamericana. Varios son los factores; manejo de tiempos, ruptura con la estricta secuencia evolutiva y expresión circular de lo mítico. Su lectura es hipnótica, despierta el deseo por fagocitar de un tirón el libro, descubrir el próximo espíritu, la próxima muerte.

Imagen 4, Pedro Páramo

Comala, una especie de purgatorio donde se entrelaza el mundo de los muertos y los vivos, será el lugar de aire seco, espeso y caliente donde Juan Preciado morirá envuelto por murmullos, visiones y almas en pena, mientras reclama el abandono de su padre Pedro Páramo. El paso por aquel lugar es la vía para aclarar los episodios desconocidos y oscuros que padecieron el pueblo y su gran “cacique”. El culpable era Pedro Páramo y sobre él había un impulso permanente por odiar y echarle las culpas de todo a cualquiera, así que cuando muere, se muere el odio y se queda el vacío que obliga al pueblo a hacerse cargo de si mismo. Un llamado a romper la sumisión.

Un pasaje que revela la gran calidad de Rulfo, es la forma como el protagonista narra su propia muerte:

“-Sí Dorotea. Me mataron los murmullos. Aunque ya traía retrasado el miedo. Se me había venido juntando, hasta que ya no pude soportarlo. Y cuando me encontré con los murmullos se me reventaron las cuerdas. (…) Llegué a la plaza, tienes tú razón. Me llevó hasta allí el bullicio de la gente y creí que de verdad la había. Yo ya no estaba muy en mis cabales; recuerdo que me vine apoyando en las paredes como si caminara con las manos. Y de las paredes parecían destilar los murmullos como si se filtraran de entre las grietas y las descarapeladuras. Yo los oía…”

En 1980, pocos años antes de su muerte, volvió a publicar literatura. El Gallo de Oro, una obra que relata la historia de amor entre el gallero Dionisio y La Caponera, fue utilizada como argumento para el cine y la televisión en varios países de Latinoamérica.

Es este Juan Rulfo el que no puede pasarse por alto, pues nos revela la vida del mestizo entre las supersticiones religiosas, las instituciones rurales venidas del feudalismo español, la pobreza y la presencia marginal del indio en el imaginario colectivo.

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