¿FIN DEL ACERCAMIENTO? CUBA Y EE.UU. CON TRUMP

Por: Felipe Ríos

Con la salida del Acuerdo Asia-Pacifico y el discurso en la reunión de la OTAN hace unas semanas, corroboramos que el nuevo presidente Donald Trump está reorganizando las cuentas públicas como desarrollo del “America First”. Revisión que incluye el presupuesto destinado a la ejecución de la política exterior en Latinoamérica y plantea que Venezuela, Ecuador y Cuba no continúen recibiendo ninguna “ayuda” económica desde 2018.

Cuando Fidel Castro dejó la dirección del partido comunista y Barack Obama implementó un nuevo enfoque estratégico en la relación Habana-Washington en 2014, se presentaron intenciones de apertura y renovación política en la isla. Sin embargo, en el 2016 es electo Donald Trump con una perspectiva muy diferente sobre las relaciones bilaterales.

Según The New York Times y El País, el presidente norteamericano aplicará medidas que respondan a las promesas hechas a sus votantes en Miami revirtiendo lo hecho por Obama. Es decir, un inminente enfriamiento de las relaciones bilaterales al exigir valores democráticos, libertades y derechos humanos. Por supuesto exigencias contradictorias cuando se recuerda a Guantanamo o Abu Ghraib.

Pero la situación no mejora para Cuba después de implementar en 2006 reformas en materia económica. Los suministros de petróleo venezolano se han reducido en un 40%; el desempleo aumenta y la economía carece de crecimiento, liquidez e inversión; hay un exceso de burocracia que limita el movimiento del Estado; y para completar, en 2018 se espera la terminación de la era Castro. El país caribeño repiensa la “actualización” del modelo en un escenario interno adverso donde las reformas no surten los efectos esperados y la relación con EE.UU. entra al congelador.

Sin embargo desestimar la importancia del país caribeño es obviar un actor fundamental en el devenir continental. Cuba le importa al continente por su posición geográfica y los acontecimientos históricos que ha abanderado: la detección temprana del imperialismo norteamericano con Martí, su ubicación en primera línea defensiva o la influencia ideológica en la región y en África.

De tal manera que acoger a Cuba, aun teniendo fuertes críticas con su sistema político y económico, es defender un proyecto de unidad regional en la búsqueda de la independencia.

Finalmente, los planteamientos de Trump respecto a las relaciones cubanoamericanas, que distancia al latino y al sajón, exige fortalecer la capacidad de integración regional y resolver rápidamente la situación en Venezuela y Brasil. De lo contrario seguirán en una tensa disputa los intereses estratégicos del continente que se vinculan con el aumento de la migración intra-regional, la pobreza y la llegada de China.

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