“Candil de la calle, obscuridad de tu casa”: México y su intromisión en Venezuela

En los últimos años México se ha pronunciado activamente con respecto a la crisis venezolana, levantando una gran difusión mediática al respecto e intentando inmiscuirse en los asuntos internos del país suramericano. ¿Existe realmente una preocupación por la situación venezolana o México busca otro tipo de estrategia con estas acciones?

*Por Axel Martínez Betanzos

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Luis Videgaray, actual Secretario de Relaciones Exteriores de México  y Delcy Rodríguez, Ministra de Relaciones Exteriores de Venezuela hasta el 21 de junio de 2017.

Desde finales de la década de los ochenta del siglo pasado México decidió alejarse de América Latina, región en dónde desde su independencia había fungido un papel más allá del liderazgo, había creado un hermanazgo con las demás naciones del continente. En dicha época el país optó por el camino del modelo neoliberal, que priorizaba la apertura comercial y la desregulación gubernamental, así como una política de venta de empresas paraestatales. Así, se renegoció la deuda de manera directa con los organismos financieros internacionales y no en conjunto con los países de la región como se tenía planeado, y en 1986 México ingresó al GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), lo que vendría a ser el comienzo de una nueva etapa en la vida del país, hacia una época en que el comercio y la inversión extranjera serían una prioridad, y el comienzo de una dirigencia denominada “Tecnocracia”.

Al culminar la Guerra Fría, México se alineó a la esfera estadounidense con el fin de obtener un respaldo ante la crisis de legitimidad interna tras las fraudulentas elecciones de 1988. Ya para 1994 entraría en vigor el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte)  y también para ese mismo año se formalizaría su ingreso a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), también conocida como el “club de los países ricos”, lo que sería el paso final para el alejamiento del bloque de los países no alineados o G-77 y por consiguiente de América Latina. A finales de siglo México apostaría al fenómeno de la globalización y por entablar una estrecha relación con los países del Norte Global.

Para inicios del siglo XXI México optó por un gobierno de derecha, sacando al ya desgastado Partido Revolucionario Institucional y llevando al empresario Vicente Fox (2000-2006) a la Presidencia; pero los atentados del 11 de septiembre del 2001 convertirían lo que se auguraba como una “relación especial” entre México y Estados Unidos, en una relación de vecinos incómodos, esto tras la falta de habilidad de los funcionarios mexicanos para conducir la crisis que se suscitó.

Con el fin de buscar tener una mejor relación con el vecino del norte, el gobierno mexicano decidió convertirse en su “Caballo de Troya” en la región latinoamericana, impulsando proyectos como el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), iniciativa del presidente G. W. Bush que no fue materializada ante la negativa de las naciones del cono sur y en donde México entraría en tensiones con Venezuela [1] así como con Bolivia, Argentina y Chile, haciendo aún más evidente la alineación de México con los Estados Unidos.

El siguiente presidente mexicano Felipe Calderón (2006-2012), que llegaría con un fraude electoral al poder, se caracterizó por una campaña de de desprestigio hacia países de la región con tintes políticas diferentes (especialmente de izquierda) , por ejemplo con Cuba, país con el que México tuvo buenas relaciones hasta que con el presidente Fox surgieron una serie de tensiones. Pero sería con Venezuela con quién mantendría una especial campaña de desprestigio, con acusaciones a la violación de derechos humanos y a la libertad de expresión,  a la vez que en su mandato debido a su fallida estrategia contra el narcotráfico hubo más de 121 mil muertes, según fuentes oficiales del gobierno mexicano [2].

Así, Venezuela se convertiría en parte del discurso del gobierno mexicano. El actual gobierno del presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018), que llegó al poder tras unas elecciones sumamente cuestionadas, no es la excepción a esta regla, ya que por medio de su canciller Luis Videgaray, que de paso cabe decir declaró: “vengo a aprender”[3] , fue uno de los que más ha impulsado la injerencia en Venezuela por parte de la OEA, argumentando que existe una descomposición política y social, con pobreza, desempleo, escasez de alimentos, violación de libertades, de los derechos humanos y falta de democracia, lo que ha desembocado en una crisis humanitaria[4], elementos que ya se conocen ampliamente en la comunidad internacional.

Otra estrategia que ha implementado el gobierno mexicano ha sido el mantener diariamente en los medios (des)informativos notas sobre la situación en Venezuela, convirtiéndolo ya en una sección de la programación habitual, tal como la de deportes o espectáculos, lo que ha influido en la opinión pública para generar una imagen negativa de un país que en su mayoría las personas que lo critican, ni si quiera saben dónde está en el mapa. Pareciera que el gobierno mexicano ha olvidado uno de sus máximos principios de política exterior, el de la “no intervención”, el cual era usado para ocultar la crisis interna y no mantenerse en la mira de la comunidad internacional.

La ex-canciller venezolana Delcy Rodriguez le hizo notar a su homólogo Videgaray que México está en una peor situación, ya que actualmente existe una crisis humanitaria en dónde hay más de 60 mil muertos, el asesinato y espionaje contra reporteros y activistas [5] así como la violación de libertad de expresión son un grave problema interno. El alto número de desaparecidos, la grave crisis de inseguridad interna, el alza de los delitos y secuestros, la presencia del narcotráfico dentro del gobierno; hechos han convertido a México en uno de los Estados más peligrosos del mundo, tal como algunos lo llaman, el “Iraq de América Latina” [6].

La pregunta que cabría hacerse es ¿por qué es importante para el gobierno mexicano poner a la luz pública la situación interna de Venezuela?, en primera instancia permite justificar el actual modelo neoliberal, argumentando que si este llegara a cambiarse, los resultados serían una crisis como la de Venezuela.

Segundo, el poner luz en la situación venezolana permite al gobierno mexicano ocultar su crisis interna, ya que es más fácil que la comunidad internacional ponga sus ojos sobre un país contra-hegemónico, que uno que está alineado al sistema.

Tercero, el tema Venezuela se ha convertido en una forma de desprestigiar todo proyecto de oposición al actual régimen neoliberal, denotándolo con términos como populista, anti-democrático, izquierdista, chavista, etc. Por último el atacar a Venezuela no ha sido por la búsqueda de democracia ni para ayudar al país suramericano en su crisis , sino que es parte de una estrategia de política exterior que se ha convertido en política interna con el fin de legitimar al gobierno mexicano.

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