19-S, el terremoto que despertó al gigante dormido: el papel de la juventud mexicana

“Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos”
Pablo Neruda

Por: Axel Martínez

Cada 19 de septiembre se rememora el trágico evento que acaeció esa mañana de 1985 y que marcaría la historia moderna de México, el terremoto de 8.1 grados en escala de Richter que dejó tras de sí una gran destrucción en la Ciudad de México, desde caídas de edificios, interrupción del servicio de agua y luz, así como una alta cantidad de decesos y de desaparecidos, lo que hizo que la población se movilizara para hacer frente a esta catástrofe ante la ineficacia de las acciones institucionales, las cuales habían desplegado 30 mil tropas bajo la estrategia del Plan DN-III, quienes no podían controlar un siniestro de tal magnitud, ya que estaban capacitadas en gran medida para mantener el Status Quo y no en el apoyo humanitario, incluso el gobierno desecho ayuda internacional para hacer frente a este desastre natural.

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Fue en ese momento que la sociedad se alzó ante tal catástrofe, fueron muchos los que ofrecieron su propia vida con tal de salvar a otros, los que sin poder dar más que la fuerza de sus brazos, apoyaron la remoción de escombros sin contar con el equipo necesario para hacerlo, solamente contando con su voluntad y su ferviente valentía ante el silencio e inacción de los gobernantes, fueron muchos los que fallecieron, pero también muchos los que volvieron a renacer de los escombros, el pueblo, ese pueblo que siempre se había catalogado de apático, flojo, “vale madrista”, fue el que sacó adelante a su ciudad y a su país.

Estos hechos ya parecían alejados de la memoria de la sociedad mexicana, ya 32 años habían pasado, los recuerdos de aquel trágico evento estaban ya en lo más recóndito, volvían cada vez que se realizaba el mega simulacro en honor de las víctimas del 85, o cada vez que se generaba algún sismo, pero solo eran ya pocas las memorias que recordaban aquel evento, así como el mar se lleva la arena, el tiempo iba borrando aquella herida, -!en que grave error habíamos caído!-. Las nuevas generaciones veíamos tan lejano un acontecimiento de tal magnitud, nos repetíamos a nosotros mismos, ¡ya hemos aprendido, estamos listos para cuando suceda!, tenemos tecnología, alarmas sísmicas, edificios inteligentes, una cultura de la protección civil, ahora si tenemos un plan contra esas contingencias.

Parecería que el destino nos probaría nuevamente, las llamadas de advertencia eran claras, pero el exceso de confianza, el no querer ver los hechos, el no querer hacerle frente a la realidad, parece que era un velo que cegaba a la sociedad, poco a poco se dejó que se construyeran nuevos edificios en zonas de riesgo, otros eran edificados con materiales de dudosa calidad, la corrupción, otro de nuestros grandes males, venía a hacer de las suyas, el no tomar con seriedad y responsabilidad los simulacros, el elegir a líderes que solo ven por ellos y no por el pueblo, así como el descuidar una cultura e la protección civil vendrían a ser el escenario ideal para otra catástrofe, que pareciera que sabíamos que iba a llegar, pero nos negábamos a aceptarlo.

El 7 de septiembre del presente año hubo un sismo de 8.2 grados que dejó un saldo blanco en la Ciudad de México, más no en otras regiones como en Oaxaca, una de las más afectadas en dónde hasta el momento han habido más de 5000 réplicas [1], así como una gran cantidad de damnificados y donde aún se solicita ayuda para su reconstrucción; parecería que este primer llamado debía poner en aviso lo que más tarde acontecería, pero la lógica nos decía que pasaría algún tiempo más para que otro sismo de alta magnitud ocurriera.

El 19 de septiembre como todos los años se hace un simulacro para no olvidar los acontecimientos de hace 32 años y para estar preparados ante una catástrofe similar, quién pensaría que volvería a pasar un evento tan fatal en esa misma fecha, lamentablemente esta trágica coincidencia pasó a un par de horas pasado el simulacro, a las 13:14 horas un movimiento telúrico de 7.1 grados Richter generaría decenas de derrumbes, así como un centenar de edificios en situación crítica, causó interferencia de suministro de agua, luz, telecomunicaciones y transporte, un centenar de heridos y decenas de desaparecidos, lo impensable, lo improbable, ocurría.

Algunos afirman que la historia vuelve a repetirse, pareciera que así fue, las primeras reacciones ante el todavía en ese momento denominado sismo, no se hicieron esperar, televisión, radio, redes sociales, sistemas de mensajería darían cuenta de las magnitudes que dicho evento provocaría, comenzó a circular la información de los edificios colapsados, gente atrapada, heridos, personas desalojadas de sus hogares; en cuestión de minutos se conocían los resultados del “terremoto”, la respuesta gubernamental nuevamente fue lenta ante tal siniestro [2].

Pero se comenzaba a saber de la organización de la población, gente que nuevamente sin pensarlo daba su vida por salvar a otros, ya sean trabajadores, amas de casa, niños que estaban atrapados, en cuestión de minutos grandes cúmulos de personas se organizaban para remover escombros, tiendas, farmacias, tlapalerías ofrecían lo que podían para apoyar las labores de rescate, parecía que el miedo se convertía en fuerza, todos apoyaban con lo que podían. De las casas salían herramientas, picos, martillos, carretillas y motociclistas, llevando paramédicos a zonas colapsadas, personas con camioneta o camiones brindando servicios de transporte, todo el mundo buscando donde y como poder ayudar.

A estas acciones se sumarían militares, policías, rescatistas, quienes contaban con el equipo necesario para las acciones de rescate y búsqueda, así como apoyo canino [3], que se ha destacado por la gran cantidad de vidas que ha ayudado a rescatar convirtiendo a los canes en héroes nacionales. A pesar de las trabas que el gobierno colocó, poco a poco se fueron acoplando equipos internacionales de rescate como los de Japón, Israel. Alemania, España entro otros Estados que han dado apoyo tanto en operaciones de rescate como en víveres, tal es el ejemplo de Venezuela, Bolivia, Rusia y otros países hermanos de México. Grandes empresas también ayudaron tanto con productos como ofreciendo sus servicios de manera gratuita, como el caso de las telecomunicaciones, la cual permitió la coordinación, transferencia de información y rápida respuesta en tiempo real.

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Cabe mencionar que de entre todos los sectores que participaron activamente, el de la juventud fue uno de los más sobresalientes, a pesar de que es este uno de los sectores que suele ser más criticado ya que se le asignan categorías como “milenials”, o “ninis” (ni estudian, ni trabajan), adjudicándoles poca participación activa fuera de redes sociales y egocentrismo, entre otras características. Esto ha quedado desmentido, al menos con el caso mexicano, ya que se mostró un alto grado de organización, empatía, comunicación y trabajo en equipo, así como un fuerte apoyo con víveres y brigadistas en diferentes centros de acopio.

Ese 19 de septiembre (19-S) la juventud tomo por asalto las calles, jóvenes atendiendo heridos, sacando gente de los escombros, apoyando a dirigir el tránsito, llevando medicinas en bicicleta de farmacias a centro de acopio, rescatando a las mascotas que huyeron durante la catástrofe, cuidando a los niños que perdieron sus hogares, preparando alimentos para los brigadistas, abriendo sus redes de internet, compartiendo su teléfono para que la gente pudiera comunicarse, generando aplicaciones web para saber la situación de la ciudad, los restauranteros dando alimentos gratuitos, agrupaciones de jóvenes rotarios y logias dando víveres. La gente le abría sus hogares y corazones a desconocidos que lo habían perdido todo, otros más tocando algún instrumento, para llenar ese silencio que inundaba la ciudad, que a ratos era llenado por las sirenas de ambulancias o patrullas, no había tarea que por muy pequeña que pudiese ser no aportara algo, poco a poco los momentos de crisis se iban superando, se comenzaba a saber de personas rescatadas gracias a que mandaron algún mensaje desde su smartphone, de niños que estaban vivos debajo de los escombros e incluso de animales que seguían con vida, porque toda vida es importante.

La juventud salió de los escombros y se empoderó, está transmuto de una pasividad a un alto grado de activismo, la ciudad era nuestra y era nuestro trabajo sacarla de esta crisis, estábamos ejerciendo eso que muchas veces se nos decía de manera demagógica que poseíamos, el poder era de la juventud. Varias casas de estudio prestaron sus instalaciones, así como a sus profesionistas y su conocimiento se puso al orden de la ciudadanía, a pesar de que fue claro el objetivo del gobierno de desmovilizar a la juventud, ya los engranes habían comenzado a rodar, este es nuestro momento, nosotros no somos el futuro, somos el aquí y ahora no debemos desaprovechar esta oportunidad, hay que seguir demostrando liderazgo para no solo enfrentar este siniestro, si no para darle un rumbo nuevo a nuestro país, no olvidemos nuestros grandes lemas que hoy en día demostramos que están vigentes, porque “la técnica al servicio del pueblo” y su reconstrucción, jamás olvidamos que “nada humano me es ajeno”, y que “por mi raza hablará mi espíritu”, porque se gigante ha despertado.

P.D Gracias a todos esos héroes anónimos que dieron todo por los demás.

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