La Doctrina Tillerson: El retorno de un viejo amigo

El siglo XXI ha sido testigo del gran despertar del Dragón Rojo: China, país con una gran extensión territorial y población, que se ha constituido como la más grande economía a nivel mundial, hecho que hace evidente su inteligente uso del hard power. Aunque, hay que aclarar que en años más recientes también se ha buscado fortalecer el soft power, ejemplo tradicional de ello es la apertura de más Institutos Confucio [1] alrededor del mundo.

Por: Alexander Berrío

Siguiendo una perspectiva de negociación de suma cero, un mayor protagonismo de China, especialmente en Latinoamérica, representa una virtual pérdida para Estados Unidos. Prueba de ello, fue el discurso pronunciado por el Secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, en la Universidad de Texas, donde aseveró que China está intentando imperar sobre el hemisferio [2]. Dado este caso, ¿a qué se debe tal acusación?

Antes de indagar las causas plausibles de este fenómeno, no puede pasarse por alto que hasta el momento Tillerson se ha caracterizado por mantener una actitud y discurso divergente al de su jefe (Donald Trump). Al parecer, ambos difieren en cómo tratar con Corea del Norte, cómo entender el problema del narcotráfico, entre otros más. Empero, las ansias de poder y reafirmación del poderío estadounidense, es un aspecto sobre el cual no hay desavenencia.

Las razones por las cuales Tillerson ha osado por tildar a China de imperialista, puede deberse a que cada vez más China gana terreno comercial en América Latina. De hecho, según algunas estadísticas, en el año 2000 China representaba el 4% de las importaciones de la región, mientras que para el año en curso ya ronda el 17%. Por su parte, Estados Unidos pasó a representar el 50% al 26% de las importancias latinoamericanas en tan solo 18 años [3] [4].

Ahora, la parte comercial podría ser solo la punta del iceberg; probablemente,
también haya intereses políticos de Estados Unidos que se estén viendo amenazados, especialmente cuando la capacidad de maniobra para conseguir apoyo en la región, ha
tendido a la baja.

Finalmente, China, a diferencia de Estados Unidos, tiene como pilares en su política exterior la no influencia directa en asuntos internos, la no alineación, y el no imponer ni ser impuesto [5]. Sin duda el País del Norte dista abismalmente de esta postura, ya que su historia en relación con Latinoamérica ha estado plagada de intervencionismos, tensiones políticas, y toma de decisiones unilaterales, que han terminado por agotar a varios países. Entonces, ¿será esta la tesitura para que el tío Sam proteja “su patio”?

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