Tailandia de cara al futuro: La Realidad Política y Deseos Secesionistas

El pasado 28 de febrero el Primer Ministro tailandés, Prayuth Chan-ocha declaró que las elecciones generales que había prometido habían de hacerse en el presente año, se pospondrán y se celebrarán en febrero del año próximo. Eso sí, si se mantienen unos niveles de estabilidad política necesarios.[1]

Por: Alexander Berrío

Bajo esta tesitura, el interrogante que sale a flote es ¿Qué pasará de cara al futuro en Tailandia en relación tanto con las rivalidades interpartidistas que han terminado en altercados, así como con el conflicto en el sur de la nación (Pattani)? A continuación, unos breves escenarios de lo que podría ocurrir de aquí a las próximas elecciones.

Para empezar, es menester hacer una breve contextualización de lo que han sido las rivalidades interpartidistas, especialmente las renombradas luchas entre los Camisas Rojas –seguidores de la línea “Thaksinista” de la política- y los Camisas Amarillas –fieles a la Corona-.

Thaksin Shinawatra, un gran empresario tailandés dentro del área de las telecomunicaciones, se convierte en Primer Ministro en el año 2001. Parte de su éxito se les atribuye a las promesas de transformación social y al discurso populista luego de ver las grietas dejadas por la crisis del 97’ en el país. Empero, desde el 2005, año de inicio de su reelección, empezaron los disgustos y protestas por parte de sectores conservadores de la sociedad tailandesa. Entre esos disgustos estaban acusaciones de corrupción, abusos de poder, control de los medios de comunicación, así como críticas por la masacre de Tak Bai del 25 de octubre de ese año. Poco a poco, las voces de los opositores fueron resonando y presionando al Shinawatra.

Uno de los más destacados opositores a Shinawatra durante 2005 fue Sondhi Limtongkul, el cual consideraba que por culpa del primer ministro los valores tradiciones de la nación tailandesa estaban en peligro. Por esa razón, decide crear el movimiento People Alliance for Democracy (PAD), o conocido como los Camisas Amarillas (el color hace alusión a su nexo con la monarquía, el rey). Etse movimiento, comenzó a ser apoyado mayoritariamente por gente elitista, intelectuales liberales, una parte de la comunidad académica y las clases medias urbana de Bangkok.  Juntos, iniciaron una campaña para destituir del cargo a Thaksin Shinawatra, manifestándose y usando todo tipo de estrategias militares para bloquearlo. Finalmente, el 19 de septiembre de 2006 el general Sonthi Boonyaratglin (junto con sus aliados militares) dan un golpe contra Shinawatra, cuando este estaba de viaje en New York para asistir a una conferencia de la ONU. A partir de entonces, se crea un Comité para Atender a la Seguridad Nacional, y se procede a nombrar a Surayud Chulanont como el nuevo primer ministro.[2]

Con todo este nuevo panorama, y sabiendo de la gran popularidad que gozaba Thaksin Shinawatra –a quien ahora se le investiga y persigue-, se fue formando un nuevo frente para oponerse a todas las maniobras y modificaciones que hacían los militares y los líderes que nombraban. Fue de esta forma como nació en 2009 el movimiento United Front of Democracy Against Dictatorship (UDD) o al cual también se le denomina los Camisas Rojas por el color de su atuendo.

Más adelante en el tiempo las confrontaciones entre ambos bandos exacerbarían, trayendo consigo un gran saldo de muertos y heridos en cada manifestación.  Aunque, ya para 2011, llegaría un poco de calma tras la elección de Yingluck Shinawatra –pilar político de los Camisas Roja- como primera ministra.  No obstante, su mandato llegaría hasta mayo de 2014 cuando Prayut Chan-Ocha declara ley marcial y luego da un golpe de Estado. ¿Razones? Temor a que un proceso legislativo (amnistías) abanderado por la primera ministra culminara por despojar a Thaksin Shinawtra (su hermano y ahora exiliado) de sus delitos.

Volviendo al punto inicial, puede preverse que: 1) Una prolongación en el mandato de Chan-ocha terminaría por desarrollar toda una serie de artimañas para permitir la victoria y permanencia de un ministro de discurso conservador. En otras palabras, pese a que se afirmó la apertura de inscripciones de nuevos partidos hace unos pocos días, muy probablemente, algunos de ellos o no serán más que derivados de la línea fiel a la corona, o simplemente no alcancen los requerimientos –un poco onerosos de por sí- para tener una vida política [3]. 2) De no funcionar lo anterior, y viendo que el nuevo rey –Maha Vajjiralongkorn- ya ha sido interiorizado por la élite militar, los episodios de golpes o manipulaciones políticas, se seguirán repitiendo e, incluso, podría preverse una dilación en las elecciones.

Por otro lado, y atendiendo al segundo punto de análisis, hasta el momento el conflicto en el sur del país no ha mostrado cambios sustanciales. Aún siguen detonándose bombas, aunque, la única transformación es que las actividades propagandísticas y de deseos secesionistas de forma explícita si han mermado. En parte, ello podría obedecer al diseño de un plan mayor para próximas ocasiones.

De todos modos, si bien ha habido una disminución en las atrocidades, no obstante, las respuestas del gobierno no han sido las adecuadas, cosa que podría exacerbar los deseos separatistas. La manifestación más palpable de esta afirmación es la entrada en vigor de la Nueva Constitución de Tailandia, la cual reconoce en el capítulo 6 sección 67 la importancia de proteger al budismo sobre otras religiones [4]. Aunque no existe una declaración directa de que es la religión oficial, no obstante, el privilegio que le otorga, la importancia que se le atribuye, pueden servir de calvo de cultivo para reanudar aspiraciones separatistas y acrecentar la identidad distinta de los habitantes de Pattani con relación a los “otros tailandeses” [5].

En efecto, con un primer ministro de tinte militar (Prayut Chan-ocha), sumado a un rey que cada vez más adquiere carácter y entendimiento con la élite (militar), y añadido a una Constitución que divide a la misma nación en términos identitarios y religiosos, el panorama de aquí a los próximos años en Tailandia no parece muy esperanzador. Si la estabilidad depende de lo que den los militares, entonces, cada vez que haya cualquier tipo de malentendido o desacuerdo entre los partidos –característica normal en una democracia-  será necesario otra intervención. En vista de ello, la restauración de la democracia y de la calma en el sur dependerán de una reconciliación interpartidista y unos compromisos con la nación. Igualmente, se precisa dar, como ha hecho Filipinas con el FMLI, más autonomía a las Changwat (provincias) del sur [6].

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