Si quieres menos mujeres agredidas, educa menos agresores.

POR: KAREN MARTÍNEZ

Todos sabemos que es necesario un cambio cultural para erradicar la violencia de género de nuestra sociedad. Para nadie es un secreto que educamos a nuestros hijos dentro de los paradigmas tradicionales de desigualdad. El paradigma de la superioridad masculina, que se nos inculca desde niños, marca las pautas para la violencia física y psicológica de las niñas, adolescentes y adultas.

Crecemos con la idea de que los actos violentos son “normales” en los niños, como si el haber nacido hombres les concediera el derecho de agredir a otro ser humano. Incluso se incita a este tipo de comportamiento con juegos violentos. Es desde allí cuando los golpes se vuelven parte de la rutina, se hacen divertidos, dejan de ser tomados en serio y la violencia se hace invisible. ¿Podría considerarse una exageración? Algunos pensarán que es mero dramatismo, sin embargo existen numerosos estudios donde se observa cómo la violencia se reproduce en la vida cotidiana y en los niñas y niñas crece un ciclo de conductas negativas.

A las niñas se les inculca que deben ser “delicadas”, porque  la fuerza es cosa de hombres. A Los niños se les enseña que los hombres son rudos, agresivos. Estos niños, inconscientemente, se convierten en  hombres que piensan que las mujeres son vulnerables, frágiles… fácilmente dominables. La situación empeora si los niños y las niñas sufren dentro de su hogar situaciones de tensión, abandono o negligencia por parte de sus padres. Los problemas de desarrollo que se originan en un clima familiar violento, donde generalmente las mujeres son víctimas de violencia sexual y los varones de violencia física, arraigan aún más, los estereotipos que ubican a las mujeres como víctimas de delitos sexuales y a los hombres como los protagonistas de actos violentos.

Es necesario reconocer que vivimos una sociedad cuya cultura es profundamente desigual. Hay formas de violencia toleradas socialmente que se demuestran en pensamientos tales como: “Es normal que el hombre controle un poco a la mujer”, “la mujer tiene que cuidar de la casa y de los hijos” “una mujer no debe ir a una reunión sin su pareja”, “las mujeres comprometidas no deben tener amigos” “Si el hombre tiene un buen salario, no es necesario que la mujer trabaje”. ¿Difícil de creer que en esta época aún se escuchen frases como estas? Estoy segura que las hemos escuchado más de una vez. Aún  hay sujetos a quienes se les atribuye el derecho de ejercer la violencia. Es nuestro deber educar hijos en igualdad si queremos que las próximas generaciones puedan vivir libres de violencia.  Si quieres menos mujeres agredidas, educa menos mujeres frágiles, sumisas e inseguras. Si quieres  menos agresores, educa niños más empáticos y comunicativos.